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domingo, 11 de mayo de 2014

3 verde DOA, 5 rojo Nau, 7 amarillo en el laboratorio…


Isa muestreando la roseta. Foto: Javier

¿Qué es esto? te estarás preguntando…

Pues ni más ni menos, que lo que ronda cada día en mi cabeza desde que empecé esta campaña. Soy Isabel Baños y  trabajo en el grupo de Javier Arístegui. Mi labor en HOTMIX es la de medir respiración en la columna de agua a partir de un espectrómetro de masas, al que nos referimos como MIMS (Membrane Inlet Mass Spectrometry). Para ello, incubo en oscuridad las muestras que recojo de la roseta, las mantengo en baños a una temperatura lo más cercana posible a la temperatura in situ y mido concentraciones de oxígeno en varios tiempos (0, 24, 48, 72 h..). El problema es que tengo baños repartidos por todo el barco: en la habitación donde está el DOA, en el container de mi compañero Nauzet, en el laboratorio principal … y eso hace que siempre esté de un lado para otro.  

Isa y su MIMS
Al principio, en las primeras estaciones, todo iba bien. Sabía perfectamente donde tenía que ir a parar cada incubación, donde estaba cada profundidad de cada estación. Pero conforme avanzamos en estaciones, el caos en forma de exetainers (tubos que empleo) vino a mí. Cada día metía más y más exetainers en los baños y cuando me tocaba medirlos tenía que sentarme a pensar donde andaba ya cada uno…De modo que opté por ponerme notitas: “12:35 h medir profundidades st.05 2000-1000 m tiempo 24 h de incubación, baño de la habitación del DOA”. Aquello derivó a “12:35 h botes verdes (st. 05) profundidades 1 y 2, t 48h, donde el DOA” y degeneró a “12:35h, verde 1 y 2-DOA y de camino 5rojo-Nau porque te pilla el toro”. Desgraciadamente, la que más sufre este extraño lenguaje es mi compañera de container, Mine. La pobre me hace preguntas fáciles, del tipo: -“¿Isa, sabes que hay de comer?”- A lo que yo respondo: -“3-4azul lab 7verde DOA, ahora vengo” y me voy.

Pero no preocuparos que aunque en algunos momentos resulta un tanto loco, al final del día todo sale. Y es ese momento, en que me doy cuenta que esta aventura poco a poco se esta convirtiendo en una de las mejores experiencias que he vivido hasta ahora. Porque cada día es como si todo volviera a empezar, como si tuvieras la oportunidad de volver a disfrutar un día más de aquello que más te gusta.

Isa


martes, 6 de mayo de 2014

Retratos sobre el mar


Jose y Jose preparando la red de plancton. Foto: Javier Arístegui
Siempre me ha llamado la atención “los tiempos” en los barcos. En las campañas  oceanográficas el reloj del tiempo lo marcan las pausas para las comidas, los descansos mirando al mar y… sobre todo, los muestreos. No son tiempos fijos sino elásticos, pero establecen biorritmos difíciles de olvidar cuando uno se desembarca al final de la campaña.

El muestreo de la “roseta oceanográfica” es el momento de mayor estrés y nerviosismo. Es como si todos los tiempos del día confluyeran en un solo instante. Alberto (encargado del primer CTD del día), con un estoicismo y una paciencia envidiables, contesta uno a uno a los que se van acercando al control de mando del CTD preguntando cuánto falta para que la roseta suba a cubierta. La cadencia de las preguntas se acentúa en estrecha correlación inversa con la longitud del cable en el agua. Alberto  y yo compartimos, a primera hora de la mañana, el silencio del cable en descenso, solo roto a veces por la música suave de “Jazz for when you are alone”. Pero la “soledad” dura poco; lo justo para darte cuenta que los silencios también son necesarios para disfrutar de compañía el resto del día.
Cuadro de roseta sobre lienzo marino. Foto: Javier

La roseta está en cubierta!!! Ha llegado una botella mal cerrada!!!! ¿Qué hacemos? … Pep ¿no te importaría pasar de tu botella para el ADN?... Es que las medidas “Core”… bueno ya sabes… A Pep siempre le toca sacrificar su botella (pero ya empieza a protestar). Todos en fila, ansiosos y expectantes, aguardando a que quiten la cadena de protección; como en el primer día de rebajas en unos grandes almacenes. El frenesí del muestreo del agua de la roseta solo tiene parangón con el muestreo de los “croissants” en días de fiesta (o, al menos, en algunos días de fiesta).

Henar se sienta en el borde de la puerta a marcar tubos. Marta circula nerviosa alrededor de la roseta, sumergida en un mar de botellas y recipientes de cristal. Tere invoca –inconscientemente- el “saludo al sol”, en su afán de abrir la botella Niskin y muestrear al mismo tiempo, sin perder una sola gota de la preciada agua. Nau e Isa comparten confidencias junto a las botellas oscuras para el nitrógeno. Celia escancia con virtuosismo su muestra en un diminuto tubo. Marina espera paciente su turno para llenar sus inmensas garrafas de agua. Mine, con su eterna sonrisa y su marcapasos de diseño cosido a la camiseta, le roba el espacio a Pepe, que registra frenético la temperatura del agua. Todos, de una forma u otra, forman parte de este paisaje dinámico que se dibuja cada mañana sobre el horizonte del mar a través de la gran “ventana” del barco. Son escenas superpuestas, como los cuadros de Nacho (Martín Rejas), pintor que retrata sueños de color
El frenesí del muestreo. Foto: Javier
a través de puertas y ventanas que se abren a los sentimientos. Al otro lado de la mampara de cubierta, José y José (tanto monta) preparan la red de Mikhail. José “el pequeño ruiseñor” silba melodías que se funden con el sol y el agua. Se le ve feliz y contento; pero siempre lo está (todo hay que decirlo). 
Los tiempos se suceden y se abren nuevas ventanas y puertas, que muestran retratos de otras escenas de trabajo, sentimientos y melancolía sobre el mar. Pero ya habrá más días para hablar de ello…
 
Javier Arístegui