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Andrea, Juan Carlos, Jorge y
Javier con el bonito capturado
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Perfil de CD mostrando un máximo de clorofila a 300 m, por acumulación de cianobacterias. |
Al igual que la cultura grecolatina se
expandió y mezcló en el pasado con otras culturas hacia el oeste de Europa, el
agua Levantina, que se forma en la cuenca oriental del Mar Mediterráneo, se mezcla
y modifica en su viaje hacia el oeste, atravesando Gibraltar y bañando las
costas atlánticas de la Península Ibérica. Nuestro viaje oceanográfico ha
comenzado en el origen del agua Levantina, al sur de Chipre. Queremos estudiar
la historia y evolución de esta masa de agua. Aquí el mar es de un color azul
intenso, reflejo de la baja productividad marina. Los vegetales que dominan son
cianobacterias unicelulares de cerca de 1 micra de tamaño. Las encontramos
hasta 300 m de profundidad, donde es difícil imaginar que les pueda llegar algo
de luz para sobrevivir. Cerca de este “desierto de vida” cruzan los atunes en
sus rutas migratorias por el Mediterráneo siguiendo frentes oceánicos de mayor
alimento. Ayer uno de estos atunes (un bonito del norte o atún blanco) mordió
el curricán que Juan Carlos y Jorge montan por la popa del barco en navegación.
En la estación de hoy paramos junto a un palangre con otro bonito enganchado.
Debemos haber entrado en la “autopista” de los atunes.
Javier
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